
Fuentes, odio, sonrisas, el reloj, una noche por delante inesperada, dolor y Nolotil para sobrellevarlo, toda una odisea que sale de una guitarra hambrienta de sonrisas y de sonido.
Las cosas a veces sí son como parecen, como las dibuja la percepción. Sucede cuando la conexión se palpa en el ambiente y no se sabe el porqué. Y es entonces cuando todo fluye, y es entonces cuando se podría y se desearía parar el tiempo. La oscuridad se va tornando luz crepuscular, ambigua pero generosa, cediéndote lo mínimo como para ver las cuerdas de la guitarra y respetando el maravilloso mundo del lenguaje no verbal.
Abrigo, calcetines, pizza frustrada en Montcada y coche de cinco sin cinturón. El Mcdonal’s de Ronda Litoral nos acoge finalmente y el ruido de las máquinas extractoras de arena de mar se confunde con el romántico murmullo de los neumáticos. La muerte sale a relucir en una conversación y los sentidos se sincronizan para vivirla con respeto y con cierta distancia. Cada uno tiene su opinión, o cree tenerla, formada a base de la afortunada o desafortunada experiencia. Suena Dust in the wind y Iona chuta una piedra en vez de la pelota. La respuesta es una sonrisa, en este amanecer no valen lágrimas, y si las hay, son de felicidad y de amplitud.
Vuelta al lugar de partida, pero en compañía de un sol tímidamente maravilloso.
La sala de revistas hoy estará cerrada, hay vaga de funcionarios.
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